La maestría de quedar huérfano a los 10

noviembre 1, 2021 Sigcoin20 0 Comment

Todos hemos experimentado en algún momento de nuestras vidas situaciones inesperadas, cosas inexplicables que nos cuestan trabajo entender. Por ejemplo, la muerte de un ser amado, un hecho regido por fuerzas superiores al que le buscamos significados que nos lleven a asumir pensamientos que den inicio a procesos de transformación y crecimiento y que siembren una semilla de coincidencias significativas para generar la sincronicidad de una vida mejor, así como lo hizo Mario Hernández, reconocido empresario nacido en Capitanejo, Santander, que a pesar de su origen humilde, ha erigido una de las marcas de lujo más sólidas en el país y que fundamenta su éxito en lo que aprendió en la “universidad de la vida”.

Su particular manera de pensar lo lleva a usar expresiones que ponen a pensar al país. Fue en la Revista Semana, donde encontré algunas de sus respuestas significativas, por ejemplo: “Mi primer Master in Business Administration –MBA–, fue quedar huérfano a los 10 años, yo era el mayor de cuatro hijos, mi mamá no sabía hacer nada, éramos desplazados por la violencia y eso me obligó a salir adelante. Yo antes decía, ‘lástima que mi papá murió cuando yo tenía 10 años’, ahora digo: ‘Siquiera murió cuando yo tenía diez años’”. Y es que la historia de Mario es inspiradora.

En el edificio donde residía como inquilino en el barrio La Soledad, de Bogotá, vivían una modista y su esposo, un hombre mayor que hacía chaquetas de cuero. Ahí fue donde Mario vislumbró su primera oportunidad para el rebusque, las chaquetas quedaban tan bien hechas que se empezó a fijar su atención en el mundo de la moda. A los 14 años inició a trabajar como mensajero en una empresa textil y paralelamente vendía chaquetas de cuero; éstas eran tan buenas que las vendía a todos los almacenes de la época. Mario cuenta que, en 1972, lo llamó el dueño de un almacén y le dijo

“Oiga Mario es que me quiero ir de Bogotá, le vendo mi negocio, un almacén de sólo cueros ubicado en la calle 19 # 4-90”, y Mario le respondió: “Carlitos, no tengo plata”. El comerciante le contestó: “Tranquilo se lo fío”, y a los seis meses, don Mario ya se lo había pagado.

Mario Hernández Foto: archivo LaRepublica.co

De ahí en adelante ya conocemos la larga trayectoria de un hombre que considera el hambre como su segundo MBA, conceptúa la vida como una fuente de enseñanzas donde los grandes aprendizajes salen de los fracasos, las quiebras, los divorcios e inclusive de la muerte de un ser amado; independiente de la situación, si sales fortalecido, se abren caminos de mejores posibilidades. La muerte de un ser amado casi siempre es imprevista y no imaginada; la mayoría de las veces nos obliga a repensar nuestra vida, algunos asumen el camino del cuestionamiento a Dios o al universo del ¿por qué me pasó?, mirando con espejo retrovisor, reaccionando, reclamando y despotricando por la situación; otros, al contrario, asumen una posición proactiva, buscando respuestas en él, ¿para qué me pasó esto?, tratando de encontrar el significado de un acontecimiento que representa un mensaje de algo superior. Así lo entendió Mario Hernández, desde su niñez como huérfano, tenía que buscar un dinero extra para ayudar en su casa, limpiando vitrinas, arreglando el negocio o ayudando a su vecina modista, y no fue por casualidad que terminó vendiendo chaquetas, mucho menos, que haya sido mensajero de una empresa textil. El caso de Mario evidencia la relevancia de estar conectado con tu entorno, prestar atención a todo aquello que está relacionado con tus deseos y estar alerta a las oportunidades, como las del dueño de almacén, que quería vender su negocio. Generar coincidencias significativas implica asumir riesgos, dar rienda suelta a tu intuición y, hacer las conexiones para llegar a donde siempre soñaste, como lo hizo Mario. La muerte de su padre, le enseñó a superar las dificultades y convertir su tragedia en una fuente inagotable de sincronicidades, a tener más de 60 almacenes alrededor del mundo, convertirse en accionista de uno de los clubes de golf más reconocidos de Bogotá, porque fue rechazado de otros, a ser un líder humanista y reconocido empresario por ser uno de los mejores empleadores del país, preocupado por su personal humano, a quien ha apoyado para la adquisición de vivienda y educación. En este caso nada sucedió por casualidad, todo fue producto de pensamientos superiores que vinieron de lo más profundo de su ser, de su subconsciente seguramente; es difícil entender que un joven sea consciente de su potencial como emprendedor,

pero fue la intención, la atención, la pasión y la acción, es decir, el trabajo duro, lo que lo acercó a sus coincidencias y le permitieron crear su propio destino, porque como él mismo dice: “En la vida sólo se recoge lo que se siembra”.

fragmento del libro Coincidencias significativas de Jaime Morales Russi.

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